27 April 2011

Ana María Matute...Premio Cervantes

La escritora Ana María Matute, nacida en Barcelona en 1925, recibe hoy, muy merecidamente, el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, el mas prestigioso galardón de nuestra literatura.

Para conmemorar el evento quiero publicar una reseña acerca de la que para mi es su obra maestra:
Olvidado Rey Gudú; novela que tuve el placer de leer hace ya algunos años.

 





Olvidado rey Gudú narra la historia del nacimiento y desarrollo del Reino de Olar y de sus protagonistas directos: los reyes primigenios, la Reina Ardid y sus secuaces, y la historia de su hijo el Rey Gudú. Reyes y reinos, magia y fantasía, temática medieval y fantástica detrás de una novela de carácter universal.

Ana María Matute es una de las escritoras de lengua española más importantes del siglo XX. Pertenece a la generación de “los niños de la Guerra Civil”, la generación de los 50, junto con otros escritores españoles como Ignacio Aldecoa, Juan Marsé, Antonio Gamoneda, Rafael Sánchez Ferlosio, etc. Miembro de la Real Academia Española y con un importante palmarés que incluye el Premio Planeta, el Premio Nacional de Literatura, el Premio de la Crítica, el Premio Nadal, y ahora el Premio Cervantes.






Dentro de su variada bibliografía, Olvidado Rey Gudú es una novela especial, al estilo quizás de sus últimas publicaciones; su novela favorita, según confesó la propia autora en una entrevista, porque es una novela que parece que a través de la fantasía se aleja de la temática adulta, pero que en realidad se adentra en la realidad y la madurez de una manera sorprendente gracias a su excelente dominio de las letras y a los recursos que ofrece el género de la literatura de ficción fantástica.






El marco fantástico en el que se desenvuelve la novela no es más que la alegoría que produce el misterio humano. Y de eso habla el libro: de la historia de los hombres y de sus contradicciones, de los sentimientos y del rastro del tiempo, de la desesperada e inútil lucha contra el olvido. Lo más conmovedor del libro son las descripciones físicas que hace de los sentimientos: en Olvidado Rey Gudú la tristeza es una hermosa dama cuya voz tiñe de gris el cielo y las almas, la inocencia es un árbol que siempre renace y deslumbra y aturde a los que ya no pueden verlo, el deseo es una estepa lejana a la vez que cercana y que nunca se conoce, y el olvido es un dolor mezquino anidado en el fondo del corazón de todos los seres humanos.








Si bien es cierto que la novela se podría clasificar dentro del género de la literatura fantástica, rompe de pleno con los esquemas básicos del genero. No es una novela de paisajes idílicos y personajes nobles, pilares fundamentales en este tipo de literatura. Y no hay buenos ni malos; es una novela más allá del bien y del mal. La han situado entre Cien años de soledad (quizás por su envergadura y su tilde generacional) y las obras de Tolkien. Pero poco a casi nada tiene en común con estas dos obras, aunque se acerca mucho más a la obra de García Márquez que a la de Tolkien.  La diferencia fundamental es que la magia en Olvidado Rey Gudú no se usa para recrear mundos posibles, ni para conformar una atmósfera de mundos existentes alejados de la “civilización”. En el libro de Matute, a diferencia de los otros, la magia y el áurea mística representan siempre metáforas de los sentimientos.

 
En definitiva, Olvidado Rey Gudú es una de las grandes obras maestras de la literatura de nuestro tiempo. La puerta a un mundo desconocido y en muchas ocasiones olvidado, un mundo reinado por el tiempo fugaz y los sentimientos eternos, morada irremediable de todos los seres humanos.







"Hace más de mil años, muchos más, en un país remoto rodeado de selvas misteriosas, inhóspitas estepas, caudalosos ríos y picudas montañas, hubo un rey que recibió al nacer el más trágico de los designios: llegaría a ser el mortal más poderoso, nada ni nadie en la Tierra le haría sombra si pasaba los días de su vida sin amar ni llorar jamás…; pero si no se cumplía esta condición,  todo su reino con él a la cabeza se extraviaría para siempre en el Olvido. Gudú es ese rey tocado por la varita del caprichoso destino, bisnieto del Conde Olar, el antepasado que dio nombre al país y lo marcó ya en su origen con la peculiaridad de no poder conocer nunca la paz. Y en verdad, las cuatro generaciones de reyes que se sucedieron en la historia del reino no lograron vencer su innata pasión por imponer la ley del más fuerte, su sumisión a la lucha para conquistar poder y riquezas… Pero el Reino de Olar es un universo mágico donde, como en un largo sueño, podemos hallar de todo; un bosque de enigmas habitado por hadas y trasgos, ondinas, gnomos y silfos por el que el ser humano puede perderse a veces y desatender sus intrigas para encontrar también, aunque sea en estado precario, el amor y la ternura que hacen perdurar la especie".

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